El jueves tomamos un ferry rumbo a la isla de Egina. Durante la travesía, pudimos disfrutar de unas vistas impresionantes del mar Egeo y de las islas griegas que iban apareciendo en el horizonte.
A nuestra llegada, un microbús nos esperaba para realizar un recorrido por la isla y descubrir sus rincones más emblemáticos. Nuestra primera parada fue una fábrica de pistachos, producto estrella de Egina. Allí aprendimos sobre su cultivo y, por supuesto, pudimos degustar diferentes productos elaborados con este deliciosos fruto seco.
Continuamos la visita con una pequeña ruta por la isla, donde nos hablaron de sus numerosas iglesias (se dice que cuenta con 365, una para cada día del año) y conocimos parte de su historia y tradición religiosa. Después visitamos un monasterio griego, un lugar lleno de serenidad que nos permitió acercarnos aún más a la espiritualidad y cultura del país.
El broche cultural lo puso el impresionante Templo de Afea, desde donde disfrutamos de unas vistas espectaculares. Contemplar este antiguo templo dórico, rodeado de naturaleza y con el mar al fondo, fue sin duda uno de los momentos más especiales del día.
Por la tarde, ya de regreso, quedamos con nuestros amigos griegos para seguir compartiendo experiencias, anécdotas y risas. Cada día fortalece más los lazos creados en este intercambio, convirtiendo el viaje en una vivencia inolvidable.
En este vídeo tenéis un resumen de nuestro día.




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